Hace mucho tiempo, los reyes y las reinas vivían en grandes edificios de piedra llamados castillos. Los castillos se construían para mantener seguros a las personas que vivían en ellos. Tenían paredes gruesas, torres altas y puertas pesadas. Los caballeros eran soldados valientes que protegían el castillo y a las personas que vivían allí.
Los castillos tenían muchas partes especiales para mantener a los enemigos afuera. El foso era una zanja profunda llena de agua que rodeaba todo el castillo. Para entrar, había que cruzar un puente levadizo que podía levantarse. La parte más alta del castillo se llamaba la torre del homenaje. Allí vivía el rey o el señor. Pequeñas aberturas llamadas aspilleras permitían a los arqueros disparar flechas mientras permanecían seguros detrás de las paredes.
Los niños que querían ser caballeros comenzaban a entrenarse cuando tenían solo siete años. Primero trabajaban como pajes. Los pajes aprendían a montar a caballo y a practicar con espadas de madera. Cuando un paje cumplía aproximadamente catorce años, se convertía en escudero. Los escuderos ayudaban a los caballeros reales a prepararse para la batalla. A los veintiún años, un escudero podía convertirse en caballero en una ceremonia especial.
- La palabra “castillo” viene de la antigua palabra latina castellum, que significa “pequeño fuerte”.
- Los primeros castillos eran de madera. Más tarde, la gente los reconstruyó en piedra para hacerlos más resistentes.
- Algunos castillos tenían túneles secretos para que la gente pudiera escapar si los enemigos atacaban.
- ¡Los caballeros usaban pesadas armaduras que podían pesar tanto como un estudiante de segundo grado!
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