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Observando la Vía Láctea

¿Qué es la Vía Láctea?

La Vía Láctea es la galaxia donde vive nuestro sistema solar. Una galaxia es una enorme colección de estrellas, gas, polvo y planetas todos unidos por la gravedad. La Vía Láctea contiene entre 100 mil millones y 400 mil millones de estrellas, y nuestro Sol es solo una de ellas. Tiene forma de disco plano con brazos espirales que se extienden hacia afuera, algo así como un enorme molinete que gira en el espacio. Cuando miras al cielo nocturno y ves una tenue banda brillante de luz que se extiende a través de él, en realidad estás mirando el denso centro de nuestra propia galaxia desde adentro.

La Forma y el Tamaño de Nuestra Galaxia

La Vía Láctea es una galaxia espiral barrada, lo que significa que tiene un centro en forma de barra con brazos curvos que se espiralan hacia afuera. Mide alrededor de 100,000 años luz de diámetro, lo que significa que la luz viajando a 186,000 millas por segundo tardaría 100,000 años en cruzar de un lado al otro. Nuestro sistema solar se encuentra en uno de los brazos espirales, llamado el Brazo de Orión, a unos 26,000 años luz del centro de la galaxia. Toda la Vía Láctea gira lentamente, y nuestro sistema solar tarda aproximadamente 225 a 250 millones de años en completar una órbita alrededor del centro. Los científicos a veces llaman a este largo viaje un “año galáctico”.

Cómo Ver la Vía Láctea

Para ver la Vía Láctea con tus propios ojos, necesitas estar en un lugar oscuro lejos de las luces de la ciudad. La contaminación lumínica de las farolas, los edificios y los letreros borra el tenue resplandor de la Vía Láctea, haciéndola invisible desde la mayoría de las ciudades. El mejor momento para ver la Vía Láctea en el Hemisferio Norte es durante los meses de verano, de junio a septiembre, cuando la parte más brillante de la galaxia está sobre tu cabeza. En una noche clara y sin luna en un área oscura, la Vía Láctea aparece como una pálida banda nublada que se extiende por todo el cielo. No necesitas un telescopio para verla, pero los binoculares revelarán que la banda en realidad está compuesta de millones de estrellas individuales.

Contaminación Lumínica y Cielos Oscuros

La contaminación lumínica es uno de los mayores desafíos para cualquiera que quiera observar la Vía Láctea. Más del 80 por ciento de las personas en Norteamérica viven bajo cielos contaminados por la luz y no pueden ver la Vía Láctea desde sus hogares. Los científicos miden la contaminación lumínica usando una escala llamada la Escala de Bortle, que clasifica la oscuridad del cielo del 1 (el más oscuro) al 9 (los cielos urbanos más brillantes). Para ver la Vía Láctea claramente, generalmente necesitas un cielo de Bortle 4 o más oscuro. Muchos parques nacionales y estatales han sido designados como Parques de Cielos Oscuros para proteger el entorno nocturno y dar a las personas lugares para disfrutar de las estrellas.

Qué Vive en la Vía Láctea

La Vía Láctea alberga una variedad increíble de objetos además de las estrellas. Enormes nubes de gas y polvo llamadas nebulosas flotan entre las estrellas, y nuevas estrellas nacen dentro de estas nubes. Algunas estrellas tienen planetas orbitando a su alrededor, al igual que nuestro Sol tiene la Tierra y los otros planetas de nuestro sistema solar. Los científicos han descubierto miles de exoplanetas en la Vía Láctea hasta ahora, y estiman que podría haber miles de millones más. En el mismísimo centro de la Vía Láctea se sienta un agujero negro supermasivo llamado Sagitario A* que tiene la masa de unos 4 millones de soles.

La Vía Láctea en la Cultura y la Historia

Las personas han contemplado la Vía Láctea durante miles de años y le han dado muchos nombres diferentes. Los griegos antiguos la llamaban “galaxias kyklos”, que significa “círculo lechoso”, que es de donde proviene la palabra “galaxia”. En muchas culturas indígenas australianas, los parches oscuros de la Vía Láctea forman constelaciones importantes, como el Emú en el Cielo. El pueblo maorí de Nueva Zelanda la llamaba Te Ikaroa, que significa “el pez largo”. En la tradición hindú, se la conocía como el “camino de los dioses”. Antes de la ciencia moderna, muchas culturas entendían que esta banda de luz era algo especial, aunque todavía no supieran que estaba formada por miles de millones de estrellas distantes.

Estudiando la Vía Láctea con Tecnología

Debido a que vivimos dentro de la Vía Láctea, es bastante difícil estudiar su forma. Los científicos usan radiotelescopios, cámaras infrarrojas y telescopios espaciales como la nave Gaia para mapear nuestra galaxia. La misión Gaia, lanzada por la Agencia Espacial Europea en 2013, ha medido las posiciones y movimientos de casi 2 mil millones de estrellas en la Vía Láctea. Los radiotelescopios pueden ver a través del polvo que bloquea la luz visible y revelar estructuras ocultas en lo profundo de la galaxia. Al combinar datos de muchos instrumentos diferentes, los científicos han creado mapas detallados que muestran los brazos espirales de la Vía Láctea, las regiones de formación estelar y los movimientos de las estrellas por toda la galaxia.

El Futuro de la Vía Láctea

La Vía Láctea no se queda igual. Cambia constantemente a medida que nacen nuevas estrellas y mueren las viejas. Nuestra galaxia también está en curso de colisión con la cercana Galaxia de Andrómeda, que se dirige hacia nosotros a unas 70 millas por segundo. En unos 4 a 5 mil millones de años, las dos galaxias se fusionarán para formar una nueva galaxia más grande que algunos científicos han apodado “Milkomeda”. Aunque esto suena dramático, las estrellas en ambas galaxias están tan lejos unas de otras que muy pocas de ellas realmente chocarían entre sí. Nuestro Sol todavía estará brillando cuando comience la colisión, pero la Tierra probablemente será demasiado caliente para sustentar la vida para entonces porque el Sol habrá crecido mucho más brillante.