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Machu Picchu

¿Qué es Machu Picchu?

Las ruinas de piedra de Machu Picchu con montañas verdes y nubes detrás

Machu Picchu es una antigua ciudadela inca ubicada en lo alto de los Andes en Perú. Se encuentra a unos 2,430 metros (7,970 pies) sobre el nivel del mar, rodeada de empinadas montañas verdes y nubes arremolinadas. La ciudad fue construida alrededor del año 1450 d.C. por el poderoso emperador inca Pachacuti. Hoy es uno de los sitios arqueológicos más famosos del mundo y un símbolo de los logros de la civilización inca.

¿Quién la construyó y por qué?

El emperador inca Pachacuti ordenó la construcción de Machu Picchu durante una época en la que el Imperio inca se expandía por América del Sur. Los científicos aún debaten el propósito exacto de la ciudad — algunos creen que era una propiedad real donde el emperador y su corte podían descansar, mientras que otros piensan que servía como retiro religioso o fortaleza militar. La ciudad contenía alrededor de 200 edificios, incluyendo templos, palacios, almacenes y viviendas para los trabajadores. Fue cuidadosamente planificada con áreas separadas para la agricultura, la vida cotidiana y el culto.

Construcción asombrosa

Una de las cosas más notables de Machu Picchu es cómo fue construida. Los constructores incas tallaron enormes piedras usando solo herramientas de piedra, bronce y cobre — no tenían hierro ni ruedas. Las piedras fueron cortadas con tanta precisión que encajan sin ningún tipo de mortero o cemento, y aún hoy una hoja de cuchillo no puede deslizarse entre ellas. Aproximadamente el 60 por ciento de la construcción se encuentra bajo tierra, incluyendo un complejo sistema de canales de drenaje y cimientos profundos que mantienen la ciudad estable en su empinada cresta montañosa.

Una ciudad oculta

Machu Picchu estuvo habitada solo unos 100 años antes de ser abandonada, probablemente durante la conquista española del Imperio inca en el siglo XVI. Los conquistadores españoles nunca encontraron la ciudad, por lo que nunca fue destruida ni saqueada como muchos otros sitios incas. Durante siglos, las ruinas permanecieron ocultas bajo una espesa vegetación selvática, conocidas solo por las familias campesinas quechuas locales que vivían cerca. El mundo exterior no supo de Machu Picchu hasta 1911.

Redescubrimiento

En 1911, el historiador estadounidense Hiram Bingham III viajó a Perú en busca de la capital perdida de los incas, Vilcabamba. Campesinos quechuas locales lo guiaron montaña arriba hasta las ruinas cubiertas de vegetación de Machu Picchu. Bingham quedó asombrado por lo que encontró y organizó varias expediciones para limpiar y estudiar el sitio. Aunque a Bingham se le atribuye a menudo el “descubrimiento” de Machu Picchu, la población local siempre supo que estaba allí, y otros exploradores y terratenientes la habían visitado antes que él.

La vida en Machu Picchu

En su apogeo, Machu Picchu albergaba a unas 750 personas. Los agricultores cultivaban maíz y papas en terrazas de piedra talladas en las empinadas laderas. Estas terrazas también ayudaban a prevenir deslizamientos de tierra y a manejar el agua de lluvia. La ciudad tenía un sistema de fuentes y canales que llevaban agua fresca desde un manantial en la ladera de la montaña hasta el asentamiento. Los templos y los espacios sagrados muestran que la religión y la astronomía desempeñaban un papel importante en la vida diaria.

Un tesoro mundial

Machu Picchu fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983, en reconocimiento a su extraordinario valor cultural y natural. En 2007 fue nombrada una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo en una votación pública mundial. Aproximadamente 1.5 millones de turistas visitan el sitio cada año, atraídos por su entorno montañoso y su misteriosa historia. El gobierno peruano ha establecido límites de visitantes y reglas de entrada programada para proteger las antiguas piedras del desgaste.

Protección del sitio

Preservar Machu Picchu es un desafío constante. El tráfico peatonal intenso, los deslizamientos de tierra y el cambio climático amenazan las antiguas estructuras. Los restauradores trabajan para estabilizar muros, gestionar el drenaje y restaurar secciones que han sido dañadas a lo largo de los siglos. Perú también ha trabajado con organizaciones internacionales para prevenir el desarrollo ilegal cerca del sitio. Mantener Machu Picchu a salvo garantiza que las futuras generaciones puedan seguir aprendiendo de esta ventana al mundo inca.