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Los cinco sentidos

Cómo experimentamos el mundo

En cada momento del día, tu cuerpo está recopilando información sobre el mundo a tu alrededor. Los cinco sentidos —vista, oído, tacto, gusto y olfato— son las herramientas que usa tu cerebro para comprender el entorno. Cada sentido tiene sus propios órganos y receptores especializados que detectan diferentes tipos de señales. Estas señales viajan a través de los nervios hasta el cerebro, donde son procesadas y convertidas en las experiencias que reconoces. Sin los sentidos, tu cerebro no tendría manera de saber qué está ocurriendo fuera de tu cuerpo.

La vista: cómo funcionan tus ojos

La visión es el sentido en el que más confían la mayoría de los seres humanos. Tus ojos detectan la luz que rebota en los objetos, y el cristalino al frente de cada ojo enfoca esa luz sobre la retina, en la parte posterior. La retina contiene unos 120 millones de células bastón, que ayudan a ver con poca luz y detectan formas en blanco y negro. También tiene entre 6 y 7 millones de células cono, que te permiten ver los colores. Estas células convierten la luz en señales eléctricas que viajan por el nervio óptico hasta el cerebro, donde las imágenes se ensamblan en una fracción de segundo.

El oído: cómo funcionan tus orejas

Tus oídos detectan ondas sonoras, que son vibraciones que viajan por el aire. La oreja externa canaliza las ondas de sonido hacia el canal auditivo, donde golpean el tímpano y lo hacen vibrar. Estas vibraciones pasan a través de tres pequeños huesos en el oído medio y llegan a la cóclea en el oído interno. La cóclea es una estructura con forma de caracol llena de fluido y recubierta por miles de diminutas células ciliadas que convierten las vibraciones en señales eléctricas para el cerebro. Los seres humanos pueden escuchar sonidos en un rango aproximado de 20 a 20,000 hercios, aunque este rango tiende a disminuir con la edad.

El tacto: cómo siente tu piel

Tu piel está repleta de unos 4 millones de receptores sensoriales que detectan presión, temperatura, dolor y textura. Diferentes tipos de receptores responden a distintas sensaciones: algunos detectan el toque suave, mientras que otros responden a la presión profunda o la vibración. Las yemas de los dedos tienen una de las mayores densidades de receptores táctiles, con unos 2,500 receptores por centímetro cuadrado, razón por la cual los dedos son tan sensibles. Las señales de estos receptores viajan a través de los nervios hasta la médula espinal y luego al cerebro. Por eso puedes distinguir la seda del papel de lija sin siquiera mirarlos.

El gusto: cómo funciona tu lengua

Tu lengua está cubierta de unas 10,000 papilas gustativas, cada una con entre 50 y 100 células receptoras del gusto. Estas papilas detectan cinco sabores primarios: dulce, ácido, salado, amargo y umami, un sabor sabroso que se encuentra en alimentos como el queso y los hongos. Contrariamente a un popular mito, todas las zonas de la lengua pueden detectar los cinco sabores, aunque algunas regiones pueden ser ligeramente más sensibles a ciertos sabores. Las papilas gustativas se desgastan y se reemplazan aproximadamente cada dos semanas. Gran parte de lo que consideramos “gusto” proviene en realidad del olfato, por eso la comida parece insípida cuando tienes la nariz tapada.

El olfato: cómo funciona tu nariz

Dentro de tu nariz, unos 400 tipos de receptores olfativos detectan sustancias químicas flotando en el aire. Cuando respiras, las moléculas de olor se depositan en un parche de tejido llamado epitelio olfativo, en lo alto de la cavidad nasal. Un estudio de 2014 publicado en la revista Science descubrió que los seres humanos pueden detectar alrededor de 1 billón de olores diferentes, muchos más de lo que los científicos creían antes. El olfato es el sentido más estrechamente vinculado a la memoria y la emoción porque las señales olfativas viajan directamente a la amígdala y el hipocampo, dos regiones del cerebro involucradas en las emociones y la memoria. Por eso un olor particular puede traer de inmediato un recuerdo vívido de años atrás.

El sexto sentido oculto

Más allá de los tradicionales cinco sentidos, tu cuerpo tiene otro sentido importante llamado propiocepción. La propiocepción es tu sentido de dónde están las partes de tu cuerpo en el espacio sin necesidad de mirarlas. Los receptores de los músculos, tendones y articulaciones envían constantemente señales al cerebro sobre la posición y el movimiento de tus extremidades. Esto es lo que te permite caminar en la oscuridad, tocarte la nariz con los ojos cerrados o atrapar una pelota sin mirar tu mano. Sin la propiocepción, incluso tareas simples como subir escaleras o tomar un vaso de agua requerirían una concentración intensa y atención visual constante.

Tus sentidos trabajando juntos

Tu cerebro raramente se apoya en un solo sentido a la vez. En cambio, combina información de múltiples sentidos para construir una imagen completa del mundo. Por ejemplo, cuando comes una manzana, ves su color, sientes su piel lisa, escuchas el crujido al morderla, saboreas su dulzura y hueles su aroma frutal. A veces los sentidos incluso pueden influirse entre sí: las investigaciones muestran que el color de un alimento puede cambiar la percepción de su sabor. Tu cerebro filtra y prioriza constantemente la información sensorial, prestando atención a lo que más importa e ignorando el ruido de fondo, para que puedas enfocarte en lo importante.