Todo empieza en la boca
La digestión comienza en el momento en que das un mordisco. Tus dientes trituran y muelen el alimento en trozos más pequeños, facilitando el trabajo del resto del sistema digestivo. Al mismo tiempo, la saliva de las glándulas de la boca recubre la comida y comienza a descomponer los almidones mediante una enzima llamada amilasa. Tu lengua ayuda a mezclar todo y forma el alimento masticado en una bola suave llamada bolo alimenticio. Al tragar, el bolo desciende por el esófago, un tubo muscular de unos 25 centímetros de largo, y llega al estómago.
El estómago: una potente batidora
Tu estómago es un órgano elástico con forma de J que actúa como una licuadora: revuelve el alimento y lo mezcla con potentes jugos digestivos. El estómago produce ácido clorhídrico con un pH de 1 a 3, lo suficientemente fuerte como para disolver el metal. Este ácido mata la mayoría de las bacterias de los alimentos y ayuda a descomponer las proteínas. La pared interior del estómago está protegida de su propio ácido por una gruesa capa de mucosidad que se renueva constantemente. Después de dos a cuatro horas de movimiento, el alimento se ha convertido en un líquido espeso llamado quimo, que se va liberando poco a poco hacia el intestino delgado.
El intestino delgado: donde ocurre la acción
A pesar de su nombre, el intestino delgado es la parte más larga del tracto digestivo, con unos 6 metros (20 pies) de extensión. Aquí es donde la mayoría de los nutrientes de los alimentos se absorben hacia el torrente sanguíneo. Las paredes internas están cubiertas por millones de pequeñas proyecciones con forma de dedos llamadas vellosidades, y cada vellosidad está cubierta por proyecciones aún más pequeñas llamadas microvellosidades. Estas estructuras le dan al intestino delgado una enorme superficie para absorber nutrientes, aproximadamente del tamaño de una cancha de tenis. El hígado, la vesícula biliar y el páncreas también envían jugos digestivos al intestino delgado para ayudar a descomponer grasas, proteínas y carbohidratos.
El intestino grueso y el microbioma intestinal
Después de que el intestino delgado ha absorbido la mayoría de los nutrientes, el material restante pasa al intestino grueso, que mide unos 1.5 metros (5 pies) de largo pero es mucho más ancho que el delgado. La función principal del intestino grueso es absorber agua y minerales del material sobrante, convirtiendo los desechos líquidos en sólidos. También alberga unos 100 billones de bacterias, conocidas colectivamente como el microbioma intestinal, que ayudan a digerir la fibra, producen ciertas vitaminas como la vitamina K y algunas del grupo B, y apoyan el sistema inmunológico. El equilibrio de estas bacterias intestinales es importante para tu salud en general.
Órganos colaboradores
Varios órganos fuera del tracto digestivo desempeñan funciones esenciales en la digestión. El hígado produce bilis, un fluido verdoso que ayuda a descomponer las grasas en gotitas más pequeñas para que las enzimas puedan trabajar sobre ellas con mayor facilidad. La vesícula biliar almacena la bilis y la libera en el intestino delgado cuando llegan alimentos grasos. El páncreas produce enzimas potentes que descomponen proteínas, grasas y carbohidratos, además de bicarbonato para neutralizar el ácido del quimo. Juntos, estos órganos aseguran que cada tipo de nutriente de los alimentos sea correctamente descompuesto y absorbido.
Del alimento al combustible
Una vez que los nutrientes son absorbidos a través de las paredes del intestino delgado, entran al torrente sanguíneo y viajan a las células de todo el cuerpo. Los carbohidratos se descomponen en azúcares simples como la glucosa, que las células usan como principal fuente de energía. Las proteínas se descomponen en aminoácidos, que se utilizan para construir y reparar músculos, órganos y otros tejidos. Las grasas se descomponen en ácidos grasos y glicerol, que proporcionan energía duradera y ayudan a construir las membranas celulares. Las vitaminas y minerales son absorbidos para apoyar cientos de reacciones químicas que ocurren dentro de tu cuerpo cada segundo.
Cómo mantener sano tu sistema digestivo
Puedes ayudar a tu sistema digestivo a funcionar de la mejor manera comiendo una dieta equilibrada rica en frutas, verduras y cereales integrales que aporten fibra. La fibra ayuda a mover los alimentos por el tracto digestivo de manera fluida y alimenta a las bacterias benéficas del microbioma intestinal. Beber mucha agua es importante porque el sistema digestivo la necesita en cada etapa, desde la producción de saliva hasta la absorción de nutrientes en los intestinos. Masticar bien los alimentos le da al estómago y los intestinos ventaja para descomponerlos. Comer a horarios regulares y mantenerse activo con ejercicio diario también ayuda a que todo fluya sin problemas.