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Eleanor Roosevelt

Primeros años

Anna Eleanor Roosevelt nació el 11 de octubre de 1884 en la ciudad de Nueva York, en una familia adinerada y prominente. Tristemente, su infancia estuvo llena de pérdidas: su madre murió cuando ella tenía ocho años, su hermano menor murió al año siguiente, y su padre falleció cuando ella apenas tenía diez años. Tras quedar huérfana, Eleanor fue criada por su estricta abuela en una gran casa a orillas del río Hudson. Era una niña tímida y seria que a menudo se sentía sola y fuera de lugar entre sus parientes acomodados. Esos años difíciles le dieron a Eleanor una comprensión profunda de lo que se sentía ser ignorada, lo que más tarde impulsó su pasión por ayudar a las personas que no tenían voz.

Educación y encontrando su camino

A los 15 años, Eleanor fue enviada a la Academia Allenswood, un internado cerca de Londres, Inglaterra, donde floreció por primera vez en su vida. La directora de la escuela, Marie Souvestre, alentó a Eleanor a pensar de forma independiente, a expresar sus opiniones y a preocuparse por la justicia social. Eleanor luego llamaría a sus años en Allenswood los más felices de su vida. Cuando regresó a Nueva York, comenzó a hacer trabajo voluntario en casas de acogida en el Lower East Side, enseñando a niños inmigrantes e investigando condiciones inseguras en fábricas. Estas experiencias le abrieron los ojos a la pobreza y la desigualdad que existían a pocas cuadras de la mansión de su familia, y la pusieron en un camino que seguiría por el resto de su vida.

Matrimonio y la Casa Blanca

En 1905, Eleanor se casó con su primo lejano Franklin Delano Roosevelt, y juntos tuvieron seis hijos, uno de los cuales murió en la infancia. Cuando Franklin fue elegido 32.° Presidente de los Estados Unidos en 1932, Eleanor se convirtió en Primera Dama y de inmediato comenzó a transformar el rol de formas que nadie había imaginado. Celebró sus propias conferencias de prensa, algo que ninguna Primera Dama había hecho antes, e invitó solo a reporteras para que las organizaciones de noticias se vieran obligadas a contratar mujeres. Escribió una columna de periódico diaria llamada “My Day” (Mi día), que se publicó seis días a la semana durante casi 27 años. También dio discursos por radio y viajó constantemente, sirviendo como los ojos y oídos del presidente en todo el país durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

Defendiendo los derechos civiles

Uno de los momentos más valientes de Eleanor llegó en 1939, cuando las Hijas de la Revolución Americana se negaron a permitir que la célebre cantante negra Marian Anderson actuara en el Constitution Hall en Washington, D.C. Eleanor renunció públicamente a la organización en protesta, atrayendo la atención nacional hacia la injusticia. Luego ayudó a organizar un concierto gratuito al aire libre para Anderson en el Lincoln Memorial, donde 75,000 personas se reunieron para escucharla cantar. A lo largo de su vida, Eleanor habló en contra de la segregación racial, apoyó la legislación anti-linchamiento y trabajó para garantizar que los afroamericanos tuvieran igual acceso a los programas del New Deal. Formó una estrecha amistad con la líder de derechos civiles Mary McLeod Bethune y usó su influencia para impulsar el cambio en un momento en que muchas personas poderosas querían que las cosas siguieran igual.

Defensora de los derechos humanos en todo el mundo

Después de que el presidente Roosevelt murió en 1945, el presidente Harry Truman nombró a Eleanor como delegada de los Estados Unidos ante las recién formadas Naciones Unidas. De 1946 a 1948, presidió la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, liderando el esfuerzo para redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este documento histórico, adoptado por la Asamblea General de la ONU el 10 de diciembre de 1948, declaró por primera vez que todas las personas en todos los rincones del mundo nacen con derechos y libertades fundamentales. Eleanor trabajó incansablemente para generar consenso entre delegados de países con culturas, gobiernos y creencias muy diferentes. La declaración ha sido traducida a más de 500 idiomas y sigue siendo uno de los documentos más importantes de la historia humana.

Escritora, oradora y voz pública

Eleanor Roosevelt fue una de las escritoras y comunicadoras más prolíficas de su era. Su columna periodística “My Day”, que comenzó en 1935 y continuó hasta poco antes de su muerte, fue leída por millones de estadounidenses y abarcó desde la política mundial hasta sus observaciones cotidianas. Escribió múltiples libros, incluyendo su autobiografía y obras sobre democracia, ciudadanía y derechos humanos. Apareció con frecuencia en la radio y más tarde en televisión, convirtiéndose en una de las primeras figuras públicas en usar los medios para conectar directamente con la gente común. Su capacidad de hablar con honestidad y calidez la convirtió en una de las mujeres más admiradas del mundo.

Defensa de las mujeres y los trabajadores

A lo largo de su carrera, Eleanor luchó para mejorar las vidas de las mujeres y los trabajadores en todo Estados Unidos. Presionó por la igualdad salarial, mejores condiciones de trabajo y el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos. Apoyó la creación de programas que ayudaran a las mujeres desempleadas durante la Gran Depresión y abogó por viviendas y atención médica accesibles. Eleanor creía que la democracia solo podría funcionar si cada ciudadano, independientemente de su género o situación económica, tuviera la oportunidad de vivir con dignidad. Su incansable trabajo de defensa ayudó a allanar el camino para muchas de las protecciones laborales y leyes de derechos civiles que existen hoy en día.

Legado e impacto duradero

Eleanor Roosevelt murió el 7 de noviembre de 1962, a los 78 años. El presidente Truman la había llamado la “Primera Dama del Mundo”, un título que reconocía lo lejos que llegó su influencia más allá del papel de esposa de un presidente. Demostró que el coraje y la compasión de una sola persona podían cambiar no solo un país sino el mundo entero. Su trabajo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos creó una base para el derecho internacional de derechos humanos que continúa protegiendo a las personas hoy. Eleanor demostró que hablar en favor de los demás, incluso cuando no es popular, puede conducir a cambios reales y duraderos.