La lucha por convertirse en médica
Elizabeth decidió hacerse médica en un momento en que ninguna mujer en los Estados Unidos había obtenido jamás un título en medicina. Solicitó admisión en veintinueve escuelas de medicina, y todas y cada una la rechazaron por ser mujer. Finalmente, el Geneva Medical College de Nueva York la aceptó en 1847, pero sólo porque los estudiantes habían votado su solicitud como una broma, sin imaginar que ella realmente vendría. Elizabeth ignoró las burlas y trabajó más duro que cualquier otro estudiante en su clase. En enero de 1849, se graduó con las mejores calificaciones, convirtiéndose en la primera mujer en obtener un título de medicina en los Estados Unidos.
Abriendo puertas para las mujeres
Tras graduarse, Elizabeth viajó a Europa para continuar su formación, donde perdió la vista en un ojo a causa de una infección. Regresó a Nueva York y descubrió que muchos hospitales y médicos se negaban a trabajar con una médica mujer. En 1857, cofundó el New York Infirmary for Indigent Women and Children, un hospital dirigido completamente por médicas que atendía a familias de escasos recursos. Más adelante, abrió una escuela de medicina para mujeres en el hospital para que otras mujeres pudieran seguir sus pasos. Elizabeth también se convirtió en la primera mujer en figurar en el Registro Médico Británico, abriendo las puertas a las médicas en Inglaterra también.
Prevención de enfermedades
Elizabeth no solo era una médica habilidosa, sino también una firme defensora de prevenir las enfermedades antes de que aparecieran. Enseñó a sus pacientes sobre higiene, agua limpia y vida saludable, ideas que estaban adelantadas a su época. Escribió libros y dio conferencias sobre salud pública, argumentando que mantener sanas a las personas era tan importante como tratar a los enfermos. Su enfoque ayudó a sentar las bases del campo de la medicina preventiva.
Legado
Elizabeth Blackwell pasó sus últimos años en Inglaterra, donde siguió enseñando y escribiendo sobre medicina y derechos de la mujer. Falleció el 31 de mayo de 1910, a los ochenta y nueve años. Gracias a su valentía, miles de mujeres han podido dedicarse a la medicina. Hoy en día, la Medalla Elizabeth Blackwell se otorga cada año a una mujer que haya realizado una contribución sobresaliente a la medicina. Su vida demuestra que una persona decidida puede cambiar las reglas para todos los que vienen después.