Su Gran Descubrimiento
En 1881, Finlay presentó una teoría innovadora: propuso que la fiebre amarilla era transmitida por mosquitos, específicamente por un tipo que ahora se llama Aedes aegypti. En ese momento, la mayoría de los médicos creían que la enfermedad provenía del aire sucio o del contacto directo con personas enfermas. Finlay llevó a cabo más de 100 experimentos para poner a prueba su idea, rastreando cuidadosamente cómo los mosquitos podían transmitir la enfermedad de una persona a otra. Incluso identificó qué especie de mosquito era la responsable. Su teoría fue una de las primeras veces que alguien sugirió que un insecto podría transmitir una enfermedad humana.
Años de Duda
Durante casi veinte años, la mayor parte del mundo científico descartó la teoría de los mosquitos de Finlay. Otros médicos pensaban que su idea sonaba extraña, y sus primeros experimentos no siempre produjeron resultados claros. Finlay siguió presentando su investigación en conferencias médicas y publicando artículos, pero pocas personas lo tomaron en serio. No fue hasta el año 1900 que un equipo dirigido por el médico estadounidense Walter Reed finalmente confirmó que Finlay había tenido razón todo el tiempo. El equipo de Reed dio crédito públicamente al trabajo de Finlay como la base de sus propios hallazgos.
Cambiando el Mundo
El descubrimiento de Finlay tuvo un impacto enorme en el mundo. Una vez que la gente entendió que los mosquitos transmitían la fiebre amarilla, pudieron combatir la enfermedad controlando las poblaciones de mosquitos. Este conocimiento fue fundamental durante la construcción del Canal de Panamá, donde miles de trabajadores habían muerto previamente de fiebre amarilla y malaria. Al drenar el agua estancada y usar mosquiteros, los ingenieros pudieron proteger a los trabajadores y terminar el canal. Finlay fue nominado para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina siete veces, y Cuba celebra el 3 de diciembre como el Día de la Medicina Latinoamericana en su honor.