Primeros años
Sylvia Mendez nació el 7 de junio de 1936 en Santa Ana, California. Su padre, Gonzalo Mendez, nació en México, y su madre, Felicitas Mendez, era de Puerto Rico. La familia se mudó a Westminster, California, donde administraba una granja. Sylvia y sus hermanos disfrutaron de una infancia feliz, y sus padres creían firmemente en el valor de la educación. La familia Mendez hablaba inglés y español en casa.
La negativa de entrar a la escuela
En 1944, cuando Sylvia tenía ocho años, su tía intentó inscribirla a ella y a sus hermanos en la Escuela de la Calle 17 en Westminster. La escuela les dijo que los niños mexicoamericanos no podían asistir y que debían ir a una escuela separada y deteriorada. La “escuela mexicana” tenía menos materiales, libros de texto más viejos y un patio de recreo más pequeño que la escuela de blancos. Los padres de Sylvia estaban indignados porque creían que todos los niños merecían la misma calidad de educación. Su padre, Gonzalo, decidió combatir la regla injusta en los tribunales.
El caso Mendez contra Westminster
En 1945, la familia Mendez se unió a otras cuatro familias para presentar una demanda contra varios distritos escolares del Condado de Orange. El caso, conocido como Mendez contra Westminster, argumentaba que separar a los niños por su origen violaba sus derechos. En 1946, un juez federal dictaminó que segregar a los estudiantes mexicoamericanos era inconstitucional. Los distritos escolares apelaron, pero en 1947 un tribunal superior coincidió en que la segregación era injusta. Este fallo histórico llevó al gobernador de California a firmar una ley que ponía fin a la segregación escolar en todo el estado.
Un legado de igualdad
El caso Mendez contra Westminster fue uno de los primeros fallos de un tribunal federal en anular la segregación escolar en los Estados Unidos. Los expertos en derecho creen que ayudó a inspirar la más famosa decisión del caso Brown contra el Consejo de Educación en 1954, que puso fin a la segregación escolar en todo el país. Sylvia creció para convertirse en enfermera y luego se dedicó a enseñar a otros sobre la historia de su familia. En 2011, el presidente Barack Obama otorgó a Sylvia la Medalla Presidencial de la Libertad, el honor más alto que puede recibir un civil. Continúa visitando escuelas en todo el país, recordando a los estudiantes que los jóvenes tienen el poder de cambiar el mundo.