La liebre ártica (Lepus arcticus) está hecha para vivir en algunos de los lugares más fríos e inhóspitos de la Tierra. Se encuentra en la tundra ártica del norte de Canadá y Groenlandia y es la liebre más grande de América del Norte. Si bien muchas personas se imaginan un pequeño conejito cuando piensan en liebres, la liebre ártica es sorprendentemente grande y poderosa, con características especiales que la ayudan a prosperar donde pocos animales pueden sobrevivir.
Tamaño y apariencia
Las liebres árticas son mucho más grandes que los conejos que puedes ver en el patio trasero. Pueden medir de 43 a 70 centímetros (17 a 28 pulgadas) de largo, sin contar su corta cola, y pesan entre 2,5 y 5,5 kilogramos (6 a 12 libras). Algunos individuos especialmente grandes pueden pesar hasta 7 kilogramos (unas 15 libras). Sus orejas son más cortas que las de la mayoría de las liebres, lo que les ayuda a retener el calor corporal. También tienen patas gruesas y acolchadas que funcionan como raquetas de nieve y distribuyen su peso para poder caminar sobre nieve profunda.
Un abrigo que cambia de color
Una de las cosas más interesantes de la liebre ártica es cómo cambia su pelaje con las estaciones. En el extremo norte, donde los inviernos son largos y la nieve cubre el suelo casi todo el año, las liebres árticas permanecen blancas todo el año. Más al sur, en lugares como Terranova y el sur de Labrador, su pelaje se vuelve gris parduzco en verano para mezclarse con las rocas y el suelo, y luego vuelve a ser blanco puro en invierno. Este cambio de color estacional, llamado muda, les brinda un excelente camuflaje contra los depredadores sin importar la época del año.
Construido para el frío
Las liebres árticas tienen un impresionante conjunto de adaptaciones para sobrevivir al frío extremo. Alrededor del 20 por ciento de su peso corporal proviene de una gruesa capa de grasa que actúa como aislante. Su forma compacta, con orejas cortas, nariz pequeña y extremidades robustas, reduce la cantidad de piel expuesta al aire helado. A menudo cavan agujeros poco profundos en el suelo o se esconden bajo la nieve para protegerse de los fuertes vientos. Cuando descansan, acercan las piernas y las orejas al cuerpo y dan la espalda al viento, conservando la mayor cantidad de calor posible.
Lo que comen
Las liebres árticas son principalmente herbívoras, es decir, comen plantas. Su dieta incluye musgos, líquenes, plantas leñosas, bayas, cogollos, raíces, cortezas e incluso algas cuando las encuentran cerca de la costa. En invierno, utilizan sus fuertes garras para cavar en la nieve compacta y llegar a las plantas enterradas. También pueden ser comedores oportunistas, alimentándose ocasionalmente de cualquier fuente de alimento disponible en su duro entorno. Encontrar suficiente comida en la árida tundra es un desafío constante, pero su capacidad para comer una variedad tan amplia de plantas les ayuda a sobrevivir.
Velocidad
A pesar de su constitución robusta, las liebres árticas son sorprendentemente rápidas. Cuando corren sobre sus cuatro patas, pueden alcanzar velocidades de hasta 60 kilómetros por hora (unas 40 millas por hora), lo suficientemente rápido como para dejar atrás a muchos depredadores. También pueden saltar erguidos sólo sobre sus patas traseras, cubriendo terreno a unos 48 kilómetros por hora (30 millas por hora). Este inusual salto de dos patas parece casi un canguro saltando sobre la nieve y les ayuda a moverse rápidamente cuando sienten peligro.
Acudiendo juntos
La mayoría de las liebres son animales solitarios, pero las liebres árticas tienen un comportamiento social muy inusual. Durante el invierno se reúnen en grandes grupos llamados bandadas. Estas bandadas pueden incluir docenas, cientos o incluso miles de liebres apiñadas en la tundra abierta. Reunirse en cantidades tan grandes tiene dos propósitos: les ayuda a mantenerse calientes gracias al calor corporal compartido y les brinda una mejor protección contra los depredadores. Con tantos ojos y oídos atentos al peligro, es mucho menos probable que un depredador se acerque sigilosamente al grupo sin ser detectado.
Depredadores y amenazas
Las liebres árticas deben permanecer alerta porque varios depredadores las cazan en la tundra. El zorro ártico es uno de sus enemigos más comunes, junto con los lobos, los linces y los armiños. Desde el cielo, [búhos nivales](/3-5/animales/pájaros/búho nival), gerifaltes y halcones de patas ásperas descienden en picado para atraparlos. Su pelaje blanco de invierno y su impresionante velocidad son sus principales defensas. Cuando una liebre ve a un depredador, puede salir corriendo en un instante o congelarse en el lugar, confiando en su camuflaje para mantenerla oculta contra la nieve.
Los bebés y la vida familiar
Las liebres árticas se reproducen en primavera, normalmente alrededor de abril o mayo. A diferencia de muchos otros animales que se reúnen para encontrar pareja, las liebres árticas se dispersan y forman parejas por la tundra. Los machos pueden aparearse con más de una pareja durante la temporada. Después de un embarazo que dura unos 50 días, la madre da a luz a una camada de dos a ocho bebés, llamados levetets. Los lebratos nacen con pelaje y ojos abiertos, lo cual es importante porque necesitan estar preparados para afrontar el frío de inmediato. Crecen rápidamente y suelen ser independientes al cabo de unos meses.
Dónde viven
Las liebres árticas tienen su hogar en la tundra sin árboles, las mesetas rocosas y las costas azotadas por el viento del Ártico. Su área de distribución se extiende por el norte de Canadá, desde Terranova y Labrador hasta la isla de Ellesmere en el extremo norte, y por gran parte de Groenlandia. Prefieren áreas abiertas sin muchos árboles, donde su camuflaje funciona mejor y pueden detectar depredadores a distancia. Incluso en este paisaje árido, encuentran suficiente comida y refugio para sobrevivir durante los largos y oscuros inviernos árticos, lo que los convierte en uno de los animales más duros del planeta.
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